Terri Schindler Schiavo ha sido el centro de atención de
los medios de comunicación nacionales, y el foco de un debate que toca las
tres ramas del gobierno. El cerebro de la Sra Schiavo no está “muerto” ni
tampoco está ella en estado de coma. Ella ha vivido en una casa de salud
(nursing home) durante años, actualmente se encuentra en una residencia
para enfermos desahuciados (hospice facility), necesitando generalmente
tan sólo cuidado y ayuda para recibir sus alimentos. Algunos expertos
dicen que está en un “estado vegetativo permanente”; otros dicen que no.
Su esposo quiere remover su tubo de alimentación, insistiendo que ella
expresó claramente que éste sería su deseo; sus padres y hermanos están
vigorosamente en desacuerdo, y se han ofrecido para cuidarla mientras
viva. Las preguntas acerca de su pronóstico y deseos persisten,
despertando dudas con respecto a lo que ella verdaderamente desearía.
Incapacitada para hablar por sí misma, la Sra. Schiavo es un ser humano
indefenso con una dignidad inherente, merecedora de nuestro respeto,
cuidado y preocupación. Su difícil situación dramatiza una de las
cuestiones más crítica que confrontamos: Para ser una sociedad
verdaderamente humana, ¿cómo debemos cuidar de aquéllos que tal vez no
podamos curar?
En nuestras declaraciones pasadas concernientes a Terri Schiavo, así como
las del Obispo Robert N. Lynch de la Diócesis de St. Petersburg, hemos
aclarado que debe haber una presunción a favor de proveerle nutrición e
hidratación, aún por medios artificiales, por tanto tiempo como sea
beneficioso para compensar las cargas que envuelvan para el paciente.
Reiteramos nuestra súplica que la Sra. Schiavo continúe recibiendo todos
los tratamientos y cuidados que habrán de ser beneficiosos para ella.
En una declaración provista en Marzo del 2004, el Papa Juan Pablo II nos
urge a ver a cada paciente en un estado llamado “vegetativo” como a un ser
humano, reteniendo su dignidad plena a pesar de sus disminuídas
habilidades. Referente a la nutrición para tales pacientes, él dijo:
Particularmente, quisiera subrayar cómo la administración
de agua y alimento, aún cuando sea provista por medios
artificiales, siempre representa un medio natural de preserver
la vida, no un acto médico. Más aún, su uso debe ser considerado,
en principio, ordinario y proporcionado, y como tal moralmente
obligatorio, en la medida que y hasta que se vea que ha alcanzado
su propia finalidad, la cual en el presente caso consiste en proveer
nutrición al paciente y alivio a sus sufrimientos.
Simplemente puesto, estamos llamados proveer medios básicos de
sostenimiento tales como comida y agua a menos que éstos estén causándole
más daño que bien al paciente, o sean inútiles porque la muerte del
paciente es inminente. Mientras que provean nutrición de una manera
efectiva y ayuden a proveer confort, debemos verlos como parte de lo que
le debemos a todos los que están incapacitados y en nuestro cuidado. En
ciertas situaciones un paciente puede moralmente rehusar tratamiento
médico, y tales decisiones pueden apropiadamente ser vistas como una
expresión de nuestra esperanza de unió con Dios en la vida por venir.
Oramos por que la familia y los amigos de Terri Schiavo, y todos los que
tienen poder sobre su destino, vean que ella continúe recibiendo nutrición,
confort y cuidado amoroso.
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Archbishop John C. Favalora
Archdiocese of Miami |
Bishop John J. Nevins
Diocese of Venice |
Bishop John H.
Ricard, SSJ
Diocese of
Pensacola/Tallahassee |
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Bishop Robert N. Lynch
Diocese of St. Petersburg |
Bishop Victor Galeone
Diocese of St. Augustine |
Bishop Gerald M. Barbarito, JCL
Diocese of Palm Beach |
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Bishop Thomas G. Wenski
Diocese of Orlando |
Auxiliary Bishop Felipe J. Estévez
Archdiocese of Miami |
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